La doma de la espinela

Del contrapunto Décima a dos manos por Mikel Beltran y Lumy Quint en el foro Ultraversal.


I

Sigan por estos senderos
y no se den por vencidos
que aunque den pasos torcidos
ya volarán, compañeros.
Como si fuesen herreros
vayan forjando el poema
con el metal que les quema
en el centro de las manos:
sus emociones, hermanos,
ajustadas a un esquema.

II

Aunque el verso se rebele
como un caballo indomable,
y les parezca improbable
que sus secretos devele.
Aunque su mente no vuele
tan alto como quisieran,
y las palabras se mueran
antes de ser poesía,
germinarán algún día
si se cultivan y esperan.

III

Un decimero precisa
tener las ideas claras,
y como las alfaguaras
desatarse a toda prisa.
Un decimero improvisa
su décima en un minuto,
con un mensaje impoluto
y una métrica perfecta,
pero en lo que a mí respecta
ni en diez horas la ejecuto.

IV

En la décima espinela
lo importante es que los pasos
se den firmes —son escasos—,
cual si fuese una rayuela.
Hay que gastar mucha suela
hasta jugar bien el juego,
pero no olviden que luego
se les hará tan sencillo
que al apretar el gatillo
ya habrán dado cese al fuego.

La originalidad

En respuesta a los Apuntes sobre la tan mentada originalidad de Gildardo López Reyes.


La originalidad es ser tú mismo
incluso cuando actúes los guiones
que otros escribieron —actuaciones
en contraposición al histrionismo—,

con la espontaneidad del aforismo,
la transparencia de las emociones,
la sencillez que entrañan los botones,
la amplitud sempiterna del abismo.

Es ser uno en el Todo, todo en uno,
igual a los demás —como ninguno—
y diferente —como somos todos—.

Formamos parte de los mismos lodos,
pero sería absurdo el universo
si, al ser soneto, le restara un verso.